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El Lago

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El Lago

Mensaje por Rowena Ravenclaw el Mar Jul 22, 2014 3:52 am

El Lago

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Rowena Ravenclaw
Fundadora de Hogwarts. Jefa de Ravenclaw. Profesora de Cuidado de Criaturas Mágicas.
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Re: El Lago

Mensaje por Almeida Mérope Slytherin el Jue Ago 14, 2014 2:26 pm

-'Regresar a Hogwarts antes de lo previsto'- eso fue lo único que dijo mi padre pero yo no sabía que era lo que iba a hacer este tiempo ahí, sin que mi novio este aún ahí y sin saber sin mi mejor amiga Eléanore llegará antes de que inicien las clases. ¿¿Quién habrá llegado antes de que inicié el ciclo?? Tal vez debí haber ido con mi madre a su competencia... Aunque pensandolo bien creo que habría sido lo mismo pues mi madre no me habría prestado la menor de las atenciones.
Necesito aire fresco así que decido ir a caminar por el lago a espera de no encontrarme con la gente equivocada...
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Almeida Mérope Slytherin
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Re: El Lago

Mensaje por Daniel Peterson el Jue Ago 14, 2014 5:11 pm

El curso escolar aún no había comenzado pero, sorprendentemente, Danny Peterson ya estaba pululando por los pasillos de Hogwarts con las manos en los bolsillos, muy aseado y con la barriga llena de comida caliente. No siempre había tenido la suerte de poder evitar el verano londinense, húmedo y excepcionalmente frío para alguien que no tiene una casa donde refugiarse, así que en cuanto recibió la noticia de que podría volver al colegio antes de lo previsto aceptó sin dudarlo. No es que tuviera unas ganas increíblemente grandes de que las clases empezasen, pero cualquier lugar era mejor que la esquina donde había estado viviendo las últimas cuatro semanas.

¡Al menos en Hogwarts tenía una mullida cama en la que dormir!

Después de invertir toda la mañana en adecentar un poco su cuarto y colocar sus escasos enseres personales en el armario, el muchacho decidió recorrer el castillo para distraerse. Se vio tentado a meterse dentro de la biblioteca para invertir el resto del verano sumergido en los pesados volúmenes de Encantamientos que tanto adoraba leer, pero la mera idea de abrir la puerta para encerrarse dentro de cuatro calurosas paredes plagadas de libros y polvo le hizo pasar de largo por el correspondiente pasillo. Ya tendría tiempo de volverse una rata de biblioteca como los Ravenclaws que lo observaban con desagrado.

Siempre lo hacían. Debía llevar grabado a fuego en la frente "Chico solitario y pobre", porque estaba seguro de que no se alejaban de él porque oliese mal. ¡Su esmero a la hora de ducharse no lo permitía!

Tras pasar por las cocinas para agenciarse un par de manzanas bien rojas y hermosas ante los mismísimos ojos de un despistado profesor, el muchacho salió del castillo. Respiró con fuerza para llenar sus pulmones de todo aquel aire purificado que tan bien olía (a tierra mojada, a clorofila...) y cruzó parte de los jardines con las manos dentro de los bolsillos de su túnica hasta que alcanzó la orilla del lago. Durante toda su etapa escolar había escuchado maravillosas historias acerca del calamar gigante que habitaba sus aguas, e incluso se había permitido inventar algún que otro cuento que jamás pudo contar a nadie por su escasez de conocidos, así que solía sentarse en una de las grandes rocas que rodeaban el agua para observar la superficie con los ojos bien abiertos. Algún día podría contemplar aquel maravilloso espécimen por sí mismo. Estaba completamente seguro de ello.

Eligió una de las rocas más planas después de una simple mirada y se sentó en ella; roca que estaba parcialmente cubierta de un esponjoso y húmedo musgo que no tardó en mojar su túnica. Entonces se aflojó el nudo de la corbata con un pequeño tirón, en un intento de liberar un poco de la tensión que sentía en el cuello, y reclinó la espalda hacia atrás para sentir el sol y el viento incidir de lleno en su rostro. No conocía sensación más agradable y desestresante que aquella.

Esto es vida... —susurró por lo bajo, totalmente ensimismado.


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Daniel Peterson
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Re: El Lago

Mensaje por Athalia N. Daugherty el Jue Ago 14, 2014 6:28 pm

La simple idea de poder volver a aquel maravilloso castillo era lo suficientemente poderosa como para que Athalia hubiese empacado de nueva cuenta su baúl en un abrir y cerrar de ojos y hubiera llegado antes del comienzo de las clases a refugiarse en los dormitorios de los Slytherin. Tan hábil con las palabras, la rubia siempre encontraba la forma de salirse con la suya y nadie hubiese sospechado que tras aquellas iris grisáceas se escondía una súbdita del mismísimo Lucifer. No toleraba la miseria en la que vivía y aquel deplorable aliento alcohólico que desprendía su padre cada que se cruzaba con él, le provocaba náuseas y ganas de huir y no volver nunca más. Pero ya tendría la oportunidad de escapar. Nadie le sacaba de la cabeza la idea de que ella estaba destinada a cumplir grandes hazañas en la vida y no dejaba escapar momento alguno para alimentar su mente, educar su persona y hacerle creer al mundo que Athalia Daugherty era una joven refinada de clase alta.

Suspiró mientras se contemplaba en el pequeño espejo de mano. Tampoco era fanática de la soledad pero era agradable saber que podía disfrutar a sus anchas de los magníficos terrenos del castillo. No tenía mucha hambre, así que gran parte del día se la pasó encerrada en la biblioteca. Comenzaba a dolerle un poco la espalda, así que terminó por abandonar el libro de Pociones que tenía delante y salir del lugar. El vago reflejo que se producía tras los ventanales, la invitaba a salir a los terrenos y disfrutar del inusual clima que reinaba en el ambiente. Ni siquiera se había molestado en ponerse la túnica del colegio y simplemente portaba un vestido sencillo y vaporoso.

Como pocas veces, la tranquilidad reinaba en el mundo de la rubia y podía dejar por un momento la ostentosa vida que pretendía llevar. Sus hábiles manos habían elaborado una corona de pequeñas flores amarillas. Había dejado sus zapatos y su pequeño bolso debajo de un árbol y se había dedicado a caminar sobre la orilla del lago. Suspiró con cierta amargura. Si tan sólo la vida fuese así de sencilla, todo habría sido diferente para ella pero las circunstancias habían sido totalmente opuestas y Athalia era una víctima más de la marcada división de las clase sociales y para empeorar todo, era una mujer. Iba distraída, trenzando otra corona de flores cuando sus pies tropezaron con una piedra. Una piedra que respiraba y se movía. —¿Qué haces aquí? —Le espetó al joven alarmada. Apretó los labios mientras que sentía una punzada sobre la rodilla y las manos.






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Re: El Lago

Mensaje por Daniel Peterson el Jue Ago 14, 2014 7:05 pm

Al tener los ojos cerrados Daniel no pudo anticiparse a la llegada de Athalia o más bien, al encontronazo que la chica sufrió con la piedra que él usaba como asiento. Fue el eco de su voz, aguda y femenina, la que lo sacó de su ensimismamiento repentino. El muchacho abrió los ojos de inmediato y volteó ligeramente la cabeza, lo suficiente para encontrarse de frente con los ofuscados ojos de la joven Slytherin. Danny no entendió en un principio el por qué del tono altanero de la chica, hasta que con patente aburrimiento en la mirada desvió los ojos hasta sus pies. Iba descalza, algo inusual en Hogwarts y poco recomendado en la orilla del lago. Los alumnos podían tropezar con las enormes piedras que rodeaban la orilla.

Claro, podían tropezar... En la mente de Danny pareció encenderse una luminosa luz cuando el chico logró encontrar la pieza del puzzle que le faltaba; la verdadera razón del tono de Athalia. Todo tenía sentido. Se esforzó en no esbozar una sonrisa burlona, por si acaso la joven estaba realmente enfadada. Podía acabar siendo el foco de su ira si no se andaba con cuidado.

Creía que los terrenos del castillo son de dominio público y que se puede pasear por ellos sin tener que rendir cuentas a nadie. —comenzó a decir, con el mismo tono calmado que había empleado para dirigirse a sí mismo minutos antes. Sin embargo, sus palabras escondían ese amago de pícara sonrisa que se había esforzado en no dibujar. —Estoy esperando a que aparezca el calamar gigante y me lleve con él a la cueva donde vive. He oído que guarda innumerables riquezas, oro, perlas y cosas así. Me apetece ver esos tesoros tan dignos de cuentos de viejas.

Una pequeña risa escapó de sus labios, fiel al estilo bromista que sus palabras habían decidido emplear para contrarrestar a la joven Slytherin. Danny era excepcionalmente tranquilo, así que era lógico que sus frases también lo fueran. Pestañeó un par de veces, sin apartar la mirada de los descalzos pies de la muchacha, hasta que se obligó a sí mismo a levantar la mirada, consciente de lo impropio de su comportamiento. No era lo más adecuado. Volvió a pestañear, observando por primera vez con verdadero interés los ojos de Athalia. Su tono grisáceo era muy interesante y el sol parecía potenciarlo, haciendo que incluso brillase. Sí, era un tono bonito nada acorde con la muchacha.

Al menos, eso pensó después de esa primera impresión.

La pregunta no es esa, realmente. ¿Qué hace una chica sola en un lugar como éste, a una hora como ésta y sin el uniforme del colegio? ¿Sabes que puedes llevarte una buena regañina por parte de un profesor si te ven en presencia de un chico con un atuendo como ese?

Esa vez intentó aparentar una sobria seriedad nada acorde con su verdadera forma de ser. Se sentó bien sobre la piedra, con la espalda recta, al dirigirse nuevamnte a ella. Por dentro se mondaba de la risa, a sabiendas de lo estúpido y quisquilloso que debía estar luciendo. Eso le divertía. Las diferentes reacciones que causaba en los demás siempre captaban su atención, igual que lo hacía los tonos de ojos raros, como el de aquella chica.

Ark, la pequeña ratita, se retorció dentro del bolsillo de la túnica de Danny. Estaba empezando a despertarse de su letargo.


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Re: El Lago

Mensaje por Athalia N. Daugherty el Jue Ago 14, 2014 8:51 pm

La ira la invadió tan pronto su cuerpo hubo tocado el piso. Fue como si aquel sentimiento hubiese estado encapsulado en una delicada burbuja, la cual con el más delicado de los roces fuese capaz de explotar y generar el caos al cual la rubia estaba más que acostumbrada. Odiaba comentar estupideces y detestaba aún más el hacerlo delante de inútiles como aquel joven Peterson. Respiró profundamente, tratando de evaporar aquel sentimiento que prácticamente hervía dentro de ella. Flexionó un poco los dedos de las manos, las cuales habían aminorado el golpe de la caída. Tenía un pequeño corte sobre la palma derecha, así que simplemente posó sus labios y succionó con cautela las gotas de sangre. Mirándolo de reojo, se percató que sus ojos la recorrían de pies a cabeza y Athalia había comenzado a creer que probablemente era mudo.

—En realidad son dominio privado y de los alumnos, por lo que deberías estrenar las neuronas que te fueron otorgadas y así probablemente habrías sabido que no es la mejor idea pretender ser un bulto estorboso. — Le espetó la rubia con cierto desprecio. En realidad había sido culpa de la roca pero Athalia no perdía momento para despreciar a un idiota Gryffindor, por muy apuesto o no que este fuese. La rubia parpadeó un par de veces. —Es una broma, ¿no? — Enarcó las cejas incrédula ante sus palabras, por primera vez ignorando el atractivo de las palabras mencionadas. —Que ilusa he sido... Una que pretende encontrarse con sus maduros compañeros y la vida se burla poniendo en mi camino esto... — Murmuró para sí misma pero lo suficientemente audible como para que él escuchará. Rodó los ojos y trató de levantarse, pero el dolor era bastante insoportable así que se limitó a apretar los labios y a maldecir mentalmente.

—Espero que no te estés burlando de mi, Peterson... Realmente es penoso tu comportamiento poco caballeroso. —Dijo con aparente calma pero con un claro tono de reproche en la voz. Estaba acostumbrada a estirar tan sólo un dedo y deleitarse con la cantidad de chicos que eran capaces de cumplir con sus deseos. Y esta vez era diferente y eso le causaba molestia. —Me parece que no es de tu incumbencia, además lo has mencionado tu antes. — Una pequeña y burlona sonrisa apareció en sus labios al escuchar aquella contradicción. —¿Asustado al ver una joven? Vamos, Peterson que no muerdo, creí que ustedes leones no eran cobardes. — Dijo seductora entre para después comenzar a reírse. —Me parece que ya somos adultos y no necesitamos que nos regañen. —Bufó, sin siquiera molestarle e inquietarle la apariencia que debía dar. Athalia solía ir en contra de todos los estereotipos marcados por la sociedad y se deleitaba yendo contra corriente, sin importarte las consecuencias de sus acciones.






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Re: El Lago

Mensaje por Daniel Peterson el Vie Ago 15, 2014 7:12 am

Danny volvió a sentir unas terribles ganas de empezar a reír cuando Athalia habló nuevamente con ese tono ofendido suyo. No quería parecer un grosero, no demasiado al menos, así que se contentó con carraspear ligeramente antes de volver a colocar las manos sobre la superficie rocosa para usarlas de apoyo. Luego reclinó su espalda de nuevo, dejando que el sol incidiese en su rostro directamente. Ya que a su lado empezaban a formarse unos nubarrones grisáceos que avecinaban tormenta (véase Athalia y su enfado) intentaría hacer caso omiso de ellas mientras pudiese.

Sí, es de dominio privado para los alumnos, pero como yo soy alumno entonces para mí son de dominio público y tengo el perfecto derecho de estar aquí. Aunque si llego a saber que una niña con ínfulas de señorita desagradable de la gran ciudad se me iba a acercar a tratarme como si yo fuera un canalla que usurpa terrenos ajenos, quizá me hubiese encaramado a un árbol en lugar de ocupar una roca. ¿También hubieses tropezado con él? —el muchacho enarcó una ceja de forma interrogante, visiblemente divertido. Su sonrisa por fin hizo acto de presencia, así que sus labios se curvaron ligeramente. Era consciente de que la chica empezaba a molestarse por su comportamiento, pero Danny no pensaba preocuparse mientras no gritase como una energúmena para avisar a alguien. —Oh, pues vaya pena, señorita... ¿Daugherty? Perdona, no recuerdo bien tu apellido. Sólo soy un inmaduro Gryffindor descerebrado.

El muchacho ironizó sus palabras sin perder la sonrisa, con los ojos fijos en los de la chica, antes de apartar definitivamente la mirada de ella. No se trataba sino de una última pincelada para sacarla de quicio, pues quizá lograse que volviese a poner pies en polvorosa y lo dejase disfrutar tranquilamente de la bonita tarde de viernes. Las horas de sol restantes del día eran escasas, y no le apetecía que fuesen agriadas por una chica.

Y mucho menos, por la bofetada que se avecinaba sobre Daniel por su reprochable comportamiento.

Por esperar, puedes esperar incluso que llueva, señorita Daugherty. Eres tú la que ha aparecido de la nada y me ha ofendido llamándome "estorbo" y alguna que otra palabra despectiva más. ¿Por qué yo tendría que hacer uso de mi galantería de joven Gryffindor si tú no has empleado eso que tantas señoritas usan llamado "educación"? —su voz adoptó el tono relajado y soñador del que solía estar teñida, como si la discusión no fuera con él. Su mirada estaba perdida en la azulada superficie del lago, seguramente espectante por la aparición del calamar. No creía en los cuentos vacíos que todos decían por ahí para asustar a los más pequeños, pero su curiosidad siempre esperaba con avidez ser satisfecha. —Yo no soy cobarde ni mucho menos, y por supuesto no te temo, Daugherty, pero existen unas normas establecidas de cortesía, buenos modales y, sobre todo, normas en la escuela. Seguro que los profesores me colgarían de las orejas si me viesen hablando contigo a solas y de esa guisa. Mis pobres orejas...

Quizá estuviera exagerando un poco, pero el tono teatral siempre le resultaba divertido. Además, parecía estar enfadando a la Slytherin y no existía mal que por bien no viniese. No creía que fueran a castigarlo por estar en el lago charlando con la joven. En todo caso, la reprendida acabaría siendo ella por no llevar su apropiado uniforme escolar. Daniel estaba a salvo.

Sumido en un momentáneo silencio, el joven rebuscó dentro de uno de los bolsillos de su túnica hasta dar con un pañuelo de tela blanco. No le hizo falta comprobar que estaba limpio, pues no solía usarlo. Tenía que estarlo. Luego, como si la cosa no fuera con él, extendió la mano con la que lo sujetaba hasta la muchacha en una clara invitación a que lo tomase para limpiarse la sangre, aunque no la miró. En el fondo, su acusación acerca de su poca caballerosidad sí le había resultado molesta, aunque jamás lo admitiese en voz alta.


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Re: El Lago

Mensaje por Athalia N. Daugherty el Mar Ago 19, 2014 12:40 am

Muchas veces Athalia se había preguntando si la gente era estúpida por naturaleza o con el paso de los años, su cerebro simplemente se iba desgastando. Aquel era uno de los jóvenes que era capaz de lograr sacarla de sus casillas y que además parecía disfrutar de ello. La rubia lo miraba con las cejas enarcadas, con cierta curiosidad pero no por el hecho de que le gustase, si no como si se tratarán de una especie extraña y nunca antes vista en la faz de la tierra. Si el calamar gigante hubiese hecho acto de presencia en aquel momento, Athalia habría seguido cuestionándose sobre la existencia de un ser como Daniel y ni siquiera habría logrado ser perturbada por aquella mítica criatura.

—Hablas demasiado, Peterson, ¿dónde queda ese valor cuando te encuentras rodeado de alumnos en un aula? — Preguntó petulante, con un tono burlón y un brillo divertido la mirada. —Ya sé que deseas con fervor que tropiece sobre ti, pero descuida, no volveré a cometer un error tan estúpido. Me preocupa terminar por fastidiar tu salud mental. — Si pretendía fastidiarla, se había topado con la persona equivocada. No pudo evitar contener la carcajada ante su siguiente comentario. —No es necesario que pretendas no conocer mi nombre, descuida, estoy acostumbrada a toda clase de admiradores. — Le guiñó un ojo descaradamente. Se regocijaba ante el hecho de saberse conocida por los pasillos de Hogwarts pero no precisamente querida por muchos. Al contrario, Athalia solía ser el blanco del odio de muchos pero no era algo que le causará molestia, al contrario, el ego de la rubia se alimentaba de aquellos negativos sentimientos.

—Creí que no recordabas mi apellido. —Comentó con falsa inocencia que no lograba esconder el brillo malicioso de sus grisáceos ojos. —Que adorable, el Gryffindor cobarde va a darme lecciones... — Dio un par de suaves aplausos. —Discúlpame por favor, no pretendía herir tus sentimientos de niña puberta en proceso de desarrollo. — Apretó los labios, conteniendo la risa al notar que realmente estaba esperando a que el calamar gigante hiciese su aparición delante de ellos. Claramente no se podía esperar mucho, ni tomar realmente en serio a una persona cuyas ilusiones se cimentaban en la aparición de aquella criatura. —Por favor, calla, que mis oídos comenzarán a sangrar. — Rodó los ojos, exasperada. —Por si no te has dado cuenta, las clases aún no comienzan y cabe recordarte que ya no somos niñatos de once años como para que nos ordenen que vestir o no. — Realmente el único comportamiento indecente era el de haberse quitado los zapatos y aquellas palabras eran una mera exageración. —Te presentó el cuerpo femenino, Peterson. — De nuevo sus comentarios malintencionados iban cargados de burla y sarcasmo.

Enarcó una ceja y se quedó mirando el pañuelo durante unos segundos, como si este portará la más letal de las enfermedades. Pero la sangre se empeñaba en seguir brotando así que con el ceño ligeramente fruncido, lo tomó y lo apretó contra la herida de la palma. —Muy bien, Peterson, escuchaste mis sabios consejos y te estas convirtiendo en el caballero que no eres. — Lo miró de reojo para después concentrarse de nuevo en la herida.






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Athalia N. Daugherty
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